La euforia por mojar al prójimo se apodera de todos en época de Carnaval, a tal punto que se convierte en un peligro latente. De allí que, los esfuerzos por transformar esta fiesta han sido constantes y sistemáticos.
El registro más antiguo que prohibía el juego con agua fue el Decreto expedido por el Congreso de 1868.
Pero no solo las autoridades adoptaron esa medida. Se conoce que en el siglo XVII los jesuitas exponían al Santísimo Sacramento en la iglesia de la Compañía, durante los tres días del Carnaval, “para evitar los juegos con agua, muy propios del demonio”.
Incluso se llegó a tomar “medidas fuertes”. El Obispo de la ciudad (Quito) amenazó con la excomunión a todo aquel que jugara al Carnaval, además atribuía a este juego el motivo principal del terremoto de Píllaro en 1755.
Pese a todas esas prohibiciones y amenazas, el juego de Carnaval se mantiene. Lo malo fue que, en algunas zonas del país se ha perdido el verdadero sentido de esta festividad.
Un espíritu colectivo
Patricio Sandoval, investigador del Instituto Iberoamericano de Patrimonio Natural y Cultural (Ipanc), asegura que las raíces del Carnaval ecuatoriano están vinculadas con la fiesta indígena de fin de año solar o Paucar Huatay, una de las cuatro más grandes del año.
O sea, el Carnaval es la culminación del ciclo agrícola y la inauguración de otro. En las zonas andinas, por ejemplo, se trata de una fiesta comunitaria que robustece el tejido de la organización.
El Carnaval de los mestizos, en contraste con los rituales indígenas, termina con el inicio de la Cuaresma.
En todo caso, la vigencia del ritual del Carnaval tiene un sentimiento popular, pero con diversas manifestaciones visibles en las zonas, dice Sandoval.
En el primer caso esta fiesta está ligada a las prácticas agrícolas, al trabajo cooperativo, a la relación con la tierra y la religiosidad está expresada con esos elementos. También se vincula con el canto de carnaval y el ayuno
Mientras que, en la urbe existe una devoción al Niño Jesús y las misas se multiplican en la víspera del Carnaval, por ello se afianza el llamado priostazgo, además se conserva el canto de las coplas y el juego con polvo y agua.
Al final el experto destaca que, pese a todo, el Carnaval tiene la virtud de unir o encadenar a los pueblos. Lo hace a través de tres elementos comunes: comida, agua y coplas.
El agua que purifica
El manejo del agua aparece desde México hasta Chile. Aún más, en las culturas andinas el agua es vida, la sangre de la tierra.
Entonces, el juego de Carnaval, sin exageraciones, tiene un sentido de acercamiento al otro sexo, sobre todo en la adolescencia. Y eso se proyecta a afirmar el temperamento, la imagen del hombre-mujer-familia.
Para muestra un botón: en Cacha (Chimborazo) los jóvenes se reúnen y piden permiso a los mayores de la comunidad para salir a jugar carnaval. Empieza una procesión en busca de solteras; en los chaquiñanes tocan el tambor, el rondín, la garrocha… Luego vendrá la bebida.
La comida es social
En la fiesta del Carnaval la comida es clave, pues la generosidad está por doquier. No en vano se trata de una ceremonia para recomponer los lazos comunitarios.
En ciertos pueblos de la serranía se acostumbra hacer el jucho (una colada de maicena o harina de maíz, capulí, pimienta y canela) y el dulce de higos con raspadura negra.
Los platos fuertes son, usualmente, fritada con choclos y plátano maduro, cuyes o conejos con papas y sarza de maní o pepa de sambo.
Mientras que, en los pueblos de la Costa los platos más degustados son elaborados con pescado (encocado, por ejemplo) o carne de monte.
Las coplas y el humor
El discurso de las coplas permite percibir un sentido de pertenencia con su lugar de origen, a través de una relación emotiva que, en gran medida , ha sido afirmada a partir del Carnaval.
Entonces, en las coplas los carnavaleros desarrollan una forma distinta y particular de contar la historia de la comunidad. Establece así una doble oposición entre la oralidad y la escritura y entre lo oficial y lo carnavalero (popular).
La forma testimonial de las coplas aparece como una lucha contra la pretendida homogeneización de la cultura escrita. Adicionalmente señala el carácter contestatario, tradicional de las coplas.
Las coplas
Cantaremos carnaval
ya que Dios ha dado vida,
no sea cosa que el otro año
ya nos toque la partida.
COPLA DE GUAMOTE
Eche chicha María
que para eso mandé a hacer;
para beber todos juntos,
suegros, marido y mujer.
COPLA DE CHIMBORAZO
Mi mujer ya se ha enojado,
ya se sienta al corredor;
yo le digo: mujercita
fuera de vos tengo a dos
COPLA DE GUARANDA
Carnaval ya se ha muerto
ya lo llevan a enterrar;
con cuatro ceras de esperma
a las orillas del mar.
COPLA DE GUARANDA
Señora dueña de casa
mate a ese pollo patojo;
al pobre carnavalero
no le deje morir de antojo.
COPLA DE GUARANDA
El día que yo me muera
me he enterrar con guitarra;
por si acaso se me ofrezca
con taita Dios una farra.
COPLA DE COTOPAXI
Carnaval dizque ha venido
domingo después de misa
carnaval dizque se ha ido
el miércoles de ceniza.
COPLA DE CHIMBORAZO
El miércoles de ceniza
cogimos un gavilán;
y del buche le sacamos
al cura y al sacristán.
COPLA DE GUARANDA
Tomado del Diario Últimas Noticias Quito 16 de feb.2007 – pág.2